jueves, 17 de julio de 2008







No hace mucho nos dimos los primeros besos en la mejilla, nos abrazamos y estrujamos esos abrazos como tesoros. No hace mucho entendí que con detalles intransables seguirías siendo mi héroe, y precisamente esos detalles confirmaron mi respeto hacia ti. Son tantas cosas que no te dije, sin embargo te las grite con mil mirada torpes y tú respondiste con esa sonrisa bondadosa y no dejaste que dijera palabra, porque ambos sabíamos que no era necesario.
Mi hermano, mi hermano Juan claudio, se va, se va de casa, se va porque lo eligió, porque tentó a su suerte y su suerte siempre fue auspiciosa y eso me calma, se va a Paris, capital de las luces, de las historias, de los puentes, la ciudad de los infinitos puentes y se va porque sus raíces son tan intensas que ni siquiera alcanzó a tomar una hebra de ese desafío, pero le creo, le creo tanto que fabricaré mil hebras desconocidas para alcanzarlo, para decirle entre líneas que mi orgullo es él.
Extrañarte será y estará en la piel, extrañarte será parte de nuestro trato, extrañarte será nuestra reconciliación..quiero imaginarte mirando la torre Eiffel,,no porque sea lo único que vayas a mirar, sino porque será lo primero que me muestres,,,,y es un trato
Te amo hermanito.

miércoles, 16 de julio de 2008


He visto una escena que me paralizó, no porque fuese especialmente cruda, extraña o singular, sino por lo cotidiana y común de la imagen.
Estaba en el supermercado buscando jugo natural, a la temperatura justa, de tal marca y tal sabor, por lo tanto no era tan fácil como suena ir por un jugo al supermercado y mientras me enfrentaba a una hilera gigante de ofertas, sin ver un atisbo del jugo que buscaba, miro hacia el lado y una mujer de mi edad, mi color de piel, con el largo de mi pelo, estaba frente a los quesos eligiendo delicadamente uno y con su otra mano apoyaba su pancita, no soy buena para calcular cuánto crece un enano en la guatita de mamá, pero deduzco que serían 5 meses. Quedé, como decía antes, paralizada, porque esa imagen tan cotidiana se transformó en un cuadro familiar, cercano, vulnerable. Quedé observándola con algo de pudor, no quería que ella lo notara, pasaron unos minutos y llegó un chico guapísimo, se acercó, puso la mano en su panza y le beso la frente.
Tendré un hijo…..mi panza crecerá y buscaré delicadamente naranjas (ese será mi antojo), tocaré mi guatita, hablaré con mi hijo y no se perderá detalle de lo que pasa afuera…
Mientras eso pasa, haré salud con el jugo que finalmente encontré…
Para los que no leen entre líneas, no estoy embarazada,,,aclarado esto, voy a dormir.

lunes, 14 de julio de 2008


El sábado en la noche, como hace muchos sábados y muchas noches no lo hacía, salí de casa con la intención de tomar cualquier sustancia con alcohol y colores submarinos, en un lugar donde hubiese gente con la misma intención y con ganas de ser parte de un selectivo montoncito de ciudadanos que pagan el triple por comer y tomar algo que en sus casas les costaría la mitad, con música a elección y con la seguridad que sólo da ese rincón conocido (la casita), pero no, esta vez quería un poquito de ruido.
El lugar al que fui era el clásico Restobar de moda, donde necesariamente tienes que reservar mesas y para nuestra sorpresa (no fui sola), a las 10 de la noche ya estaba reservado hasta el último recoveco, pero todo se arregla con una inocente sonrisa al mesero, así que ya tenía mi propio rincón, rincón por lo demás exclusivo para envidia de las chicas guapas que esperaban por un lugar, pero que no dibujaron una pequeña risita al mesero, porque sólo sonríen a billeteras o al chico de moda….
El lugar era una especie de balcón alternativo, luces tenues y morados brillantes, pantallas gigantes, sillones de cuero, hileras prolongadas de grandes sofás donde todos nos sentábamos en el mismo lugar separados solo por mesitas estilo japonés. Para ser honesta me incomodaba la cercanía, pero que va, ya estaba allí.
Pedí mi clásico Ron, tres hielos y mucho cariño, sushi y mi recién descubierta habilidad para manejar los palitos como una malabarista, mientras trataba de conciliar una conversación sensata entre gritos, paseos y la estridente música que vacilaba entre los 80, 90 y 2008.
Buscando la comodidad de mis huesos cruzo mis piernas y las subo en el sofá BLANCO, pasaron 3 segundos y un atento chico vestido pulcramente de negro me pide con evidente pudor si puedo bajar las piernas de allí, le dije que me sentía cómoda y que sufría del coxis, sonrió y me sugirió que pusiera la chaqueta de mi acompañante sobre el frágil y sensible sofá,,,,había ganado la primera batalla pero no la guerra.
Mientras pedía el segundo ron, tres hielos y mucho cariño, noté que el lugar estaba absolutamente lleno y traté de traspasar la lógica de los que me rodeaban, entonces me concentré en un grupo de lindas y exuberantes chicas que estaban frente a mí, de pie claro (les faltó la sonrisita). Cataban sin vergüenza a los posibles padres de sus hijos, mientras en el otro extremo un grupo de chicos acocodrilados cataban a las posibles NO madres de sus hijos, la escena era de antología, no recordaba ese clásico firteo cotidiano.
Entonces perdí la guerra, me sentí de 33 años y recién tengo 33 años

viernes, 11 de julio de 2008




Te tambaleas a veces?, te tambaleas de frío?, de dudas?, te tambaleas de tanto tambalearte?,,,vacilarán también los enanos?

A medida que crecen mis uñas y me disperso entre tanta cosa, entre opciones, diferencias de clima, de ánimo, diferencias de temperatura, me quedo quieta y absorbo cada tentación como un regalo.
Podría tomar mi maleta y con punto fijo sortear que sería de mi vida lejos de casa, entendiendo que entre tanto y tanto no sé cuál es mi casa, debe ser que recién asumo que el asentarse no es más que dejar crecer esas uñas entre los pastizales más altos, los más brillantes y los que responden sólo a mi sonrisa, esa que nace del alma, sin intención ni cordura.
Entonces recuerdo mi patria, mi Chiloé, su olor, sus grises felices y enteros, la sonrisa que no se despinta, esa que me quita arrugas y suma asiento, recuerdo rincones propios y las veces que prometí llenar cajas y seguir creciendo en esa isla.
Lo que me pasa hoy no es distinto, pues ya no necesito cajas por llenar porque sospecho que las fabricaré de nuevo, en otro lugar, en el otro extremo, pero sólo lo sospecho.
Para desarmar este lindo y siútico relato, os contaré que es el día del PERIODISTA...recibo encantada sus saludos, pues, para los que no saben,,,SOY PERIODISTA

lunes, 7 de julio de 2008


Estoy de vuelta, como una piedrita gris y helada, con la nostalgia que sólo provoca una sutil canción de Franco Simone y la cabeza concentrándose en reemplazar el ruido de los autos por el de las olas reventando tan fuerte como un despertador.
Estoy de vuelta y no quiero estarlo. Ideal sería que mis palabras fueran suaves y gratas, pero no haré esfuerzos, esta vez asumo la pena porque es lo justo y la pena radica en saber que puedo ser de otro lugar, que los arraigos solo están en el conformismo de uno, en la necesidad de no atreverse a llevar mochilas vacías para regresar a casa porque algo se nos quedó, a saber que se puede ser de otro lugar siempre, que el desapego es parte de la vida, que a veces es necesario el desarraigo para concentrar las alas, las nuevas alas y solo darle curso para que ellas decidan donde quieren estar y es posible que si me hubiese ido a la antártica la pena sería la misma y es que insisto, solo tiene que ver con la convicción de que las raíces las traemos nosotros y no están clavadas en ninguna parte.
Hay una sola razón para querer regresar y es que al parecer recién empiezo a volar.



viernes, 4 de julio de 2008




Estoy en Iquique, una ciudad tan distinta a la mía, una ciudad llena de matices vivos, al despertar veo el mar como la prolongación corriente de esta tierra, veo cerros enormes y orgullosos que protegen como leones furiosos este escenario cálido, en que el oleaje es el sonido de la calle, pero sobre todo esta ciudad me ha regalado certezas, certezas que sólo son posibles cuando el mar te muestra su calma sin esconder la furia de sus intenciones. Estar lejos de casa rompe mis esquemas porque las preguntas se hacen con total libertad y no hay una ventana que cierre respuestas, pues no hay una línea en este océano que me diga que hasta allí puedo llegar. Esas preguntas surgen tan valientes como las respuestas que recién empiezo a regalarme. Este viaje ha sido especial, lo sé hoy y lo sabré con más certeza cuando ya no alcance a escuchar la abundancia del enorme azul, el que he hecho mío también.
Estar lejos de casa me ha sanado un poco, estar lejos de casa me ha hecho despedirme de la Soledad que se mecía entre lo cotidiano y lo trivial. Estar lejos de casa me ha regalado a una Soledad que extrañaba.