
Me hice famosa porque en algún minuto declaré que la lluvia en Chiloé no mojaba, pues lo sigo pensando pero no voy a explicarlo,,,para hacerlo necesito la conjugación exacta entre ganas y matemáticas,,y nunca habrá un paralelo entre nada que tenga que ver con cálculos, así que hoy sólo me sostienen las ganas,,
En Concepción las cosas son distintas, aquí llueve con olor y dolor y por supuesto no hay ganas de salir a no mojarse…sólo quedarse en casa adivinando el recorrido de las gotitas en la ventana, invententando puentes, castillos y baldosas con la brillantes de una gota coqueta. Pero el disfrute es allí, en la secreta casita y no en la oficina…pues bien, acá va la historia.
Salí de casa sin escuchar al señor del tiempo, porque como conté en algún relato anterior, ya no le creo. Miré por el balcón y había un sol pálido, medio amanerado, pero sol al fin, así que rápidamente organicé la estampa del día. Llego a la oficina, me siento y 5 segundos después comienzan los relámpagos, los respectivos truenos, pero de esos eternos, feroces e infernales…más relámpagos, más truenos, la lluvia pegaba en la ventana como un tifón de mala muerte, y de a poco el ruido se volvió más intenso, tan intenso que no podía oír el timbre del teléfono…de a poco sentía esa cosquillita familiar de calor, de casa, de abrigo..me pasa con la lluvia en cualquiera de sus formas…la sensación se multiplicó y dispersó (las malas costumbres son virales)…miré por la ventana y el piso estaba totalmente blanco, los granizos parecían duendecitos caprichosos reproduciéndose descaradamente y riéndose de todo, de todos…
Riéndose de mí.
En Concepción las cosas son distintas, aquí llueve con olor y dolor y por supuesto no hay ganas de salir a no mojarse…sólo quedarse en casa adivinando el recorrido de las gotitas en la ventana, invententando puentes, castillos y baldosas con la brillantes de una gota coqueta. Pero el disfrute es allí, en la secreta casita y no en la oficina…pues bien, acá va la historia.
Salí de casa sin escuchar al señor del tiempo, porque como conté en algún relato anterior, ya no le creo. Miré por el balcón y había un sol pálido, medio amanerado, pero sol al fin, así que rápidamente organicé la estampa del día. Llego a la oficina, me siento y 5 segundos después comienzan los relámpagos, los respectivos truenos, pero de esos eternos, feroces e infernales…más relámpagos, más truenos, la lluvia pegaba en la ventana como un tifón de mala muerte, y de a poco el ruido se volvió más intenso, tan intenso que no podía oír el timbre del teléfono…de a poco sentía esa cosquillita familiar de calor, de casa, de abrigo..me pasa con la lluvia en cualquiera de sus formas…la sensación se multiplicó y dispersó (las malas costumbres son virales)…miré por la ventana y el piso estaba totalmente blanco, los granizos parecían duendecitos caprichosos reproduciéndose descaradamente y riéndose de todo, de todos…
Riéndose de mí.





