martes, 3 de abril de 2007

El brindis postergado

Salvo mis esquinas y las fotos color sepia, nada me ataba a la casona del padre de mi padre. Mientras caminaba hacia ella la memoria traspasaba peligrosamente el tiempo, aquel tiempo del barro, las polquitas, el tiempo de las ciruelas verdes, los ataques con terrones en las vegas cercanas, ese olor a porotos que torturaba mis mañanas.
Allí estaba yo, frente a la herencia silenciosa que aullaba melancolías distantes.
El sillón de cáñamo permanecía intacto, era lo único en la sala, sin embargo el espacio parecía traspasar la soledad y los ecos de cada uno de mis pasos nerviosos, para llenarse con ese sillón que en algún tiempo pareció gigante y eterno y que hoy era una pequeña silla de mimbre.
Allí solía descansar el hombre, con la vista fija en la ventana que daba a un muro de cemento, como si aquello hubiese sido un paisaje celestial. Permanecía horas concentrado en sus fantasmas, quizás le perseguían desde niño como a mi, y aquel muro no los dejaba irse, el cemento los detenía y lo detenían a él.
Los recuerdos aparecieron uno a uno y el estallido en el estómago fabricó nuevos miedos. Siéntate me dijo el abuelo, que aparece corpulento frente a mi, con la misma postura de aquellos tiempos, seguramente no pudo traspasar el muro y se convirtió, en ese momento, en mi fantasma exclusivo.
Las lágrimas solo brotaron....brotaron como todas aquellas postergadas, como el perdón que nos debíamos, como el abrazo inquieto y torpe que sólo una vez nos dimos.
El abuelo mueve su silla de mimbre y levanta una tabla de ese piso de madera, ya parecido a una tumba improvisada y saca una botella vestida de polvo y telarañas. Abre el corcho con sus gruesas manos, toma un sorbo y me lo da sin decir palabras. Tomo de él con pudor, el sabor de vino era áspero e intenso. Bebí un sorbo ciego y se la entrego, pero ni la silla, ni el abuelo estaban, tampoco el muro de cemento. Salí de la casa con un fantasma menos y una botella a medio terminar.

Un ratito por Bruselas


Bruselas, sin saber aun de qué hablamos, evoca esa sensación de estar perdido en Irlanda sin estarlo. La imaginación vuela entre melenas rojas, rock alternativo, lánguidos jeans, pálidos perfiles, hombres y mujeres llenos de historias, cuyo avanzar entre calles de adoquines están plasmados de “aroma a sobreviviente”. Sobrevivientes de guerras, sobrevivientes de ellos mismos, sobrevivientes de miradas como la del turista pretendiendo atraparlo todo.
Son, ese millón de habitantes, una alegoría a lo que en Chile se mal entendería como un país alternativo. La diferencia es que ellos lo son y lo son porque sus causas, sus excusas y sus miradas son una disyuntiva para indagar más allá. En definitiva ese susurro francés y neerlandés dando vueltas, hablan de guerras inconclusas que se vislumbran en las construcciones que tranzan insoslayablemente entre lo moderno y el legado pre guerra. No es extraño que habiten en departamentos que se reparten entre ladrillos desgastados, con balas incrustadas y modernas fachadas, todo ello en un solo espacio.
Esa suerte de matiz alternativo de los bruxellois (habitantes de Bruselas), se acrecienta con la irónica afición, mundialmente conocida, por la gran producción de historietas, lo que en definitiva nos habla del exquisito humor negro de quienes generan a partir del dolor aun patente, realidades paralelas. En el museo de historietas, ubicado en la misma ciudad, descansan, entre muchos, Pin Pin y su perro, cómo olvidarlo.
El aire frío y las calles angostas, nos trepan idiotizados a ese inevitable tren de nostalgia por aquella historia que sólo hemos ojeado en libros. Nos embarcamos en un viaje sin retorno, porque Bruselas, sin duda quedará en nuestros registros de bitácora.
París, aunque suene soberbio, puede ser un buen lugar de partida hacia la capital Belga. Luego de dos horas y media en auto, a una velocidad promedio de 130 Km., que parecen 20 cuando ves al thalys (tren rápido) pasar paralelo a tu ruta, a una celeridad que parece arrastrar tu pelo como si fuese un retaso de seda sin peso y es allí cuando notas que en definitiva, eres un retaso sin peso.
La información es poder, eso no está en discusión y siguiendo esa premisa conectas tu cabeza y tus dedos a http://www.mapy.fr/ , sólo basta eso y te aseguras pesquisar cuanto dato necesario hará del viaje una aventura segura, desde cuánto gastarás en bencina, en peajes (para lo que necesitas una tarjetita azul), hasta cuál es la mejor ruta a seguir dependiendo de dónde te encuentres, todo ello se obtiene pulsando Enter.
Camino a destino, se desfila por pequeñas paradas (aire), donde la excusa es un cigarro, una cerveza, un café, baño o sólo un pretexto para detenerse, lo que sin duda es parte de la mágica bienvenida .
Ya en Bruselas, las calles angostas y frías invitan a sentarse en pequeños puestos emplazados e una especie de mercado, en que las voces de los anfitriones se confunden entre el francés e ingles. Lo escogido será, sin duda, las mesas que están afuera, protegidas con toldos y al calor de estufas alimentadas por balones de gas, así se sortea un poco el frío y la cerveza se mezcla con la complicidad de las calles. El menú típico parece demasiado común para el entorno, pero en definitiva la sencillez del plato acompaña el escenario. Moules frites (papas fritas con mariscos), la especialidad de la casa.
No será sólo una cerveza. Cuando se está en casa ajena se toma todo lo que se sirve (así nos enseñaron en el colegio de curas), así que es probable que la resaca también quede inscrita en la bitácora del viaje y sin duda lo recomendado es que esas cervezas sean Grinbergen, definitivamente las mejores.

Sus días de temor


Ella temía al silencio como a las agujas de las gordas enfermeras, como dar la paz en misa las pocas veces que pisó una iglesia, al aroma pegajoso del incienso que le recordara un lugar en el que no quiso estar, temía al olor ácido de un cuerpo recién amado. Como clavos punzantes removían su piel, esa tristeza monstruosa le llevaba como un trance inesperado a tu casa, a ese sofá verde que pretendía tragarle mientras observaba cada uno de tus pasos perfectos, cada rincón que te convertía en todo aquello necesario. Hoy no estás y no le teme a nada.

Silicona y neuronas. Una combinación peligrosa

El encanto de la silicona tiene su lado perverso. Al parecer, cada mujer que se somete a estos estruendos de voluptuosidad, incorpora a su hemisferio cortical izquierdo dos anómalas neuronas que las hacen más sueltas de lengua.
Podría nombrar a una serie de adictas al Gim, al platinado, y a la nunca bien ponderada sala de operaciones para demostrar que la silicona tiene efectos secundarios, y si, lo voy hacer, y no es que sus nombres alimenten mi ego frustrado, o mis más ocultos deseos de aumentar algo en mí, sino que sin querer, están cambiando los parámetros de las conversaciones con sus arrebatos de honestidad que ya tienen mi capacidad de asombro durmiendo en otro lado.
No citaré textual, porque evidentemente no merecen las comillas, empecemos: Ella me dijo sin prepararme para aquello: "Sí linda, tuve una hija, subí 22 kilos, me quería morir, pero bueno, todos me decían que es parte del ser madre, luego vino el segundo y NO, por ningún motivo. Osea, no te explico el dolor, me puse 150 cm cúbicos y me levanté las pechugas, me saqué un poco de rollos y acá me ves, regia como a los 15, imagínate, ya tengo 30 y ni se me nota.
Después de está curiosa especie de acertijo confesional, la soltó, y me dice con su voz de cuesco de palta en la boca ¿y tu Sole, cuánto te pusiste en las pechugas?. Para ser honesta no sabía si sentirme agredida u orgullosa, en mis escala de sentido común no está incorporado el ponerme cosas, es más, me he sacado un par de ellas por operaciones, a la vesícula por ejemplo, pero pensar en aumentarme las pechugas, es como pretender ponerme un lunar en la mitad de la frente para ver si puedo ser más sabia.
No sabía como sostener la conversación, porque esta mujer de apellido vinoso estaba amenazando mi paciencia y sin duda trasladándome a otro hemisferio absolutamente desconocido para mí. ¿será que las conversaciones entre mujeres están cambiando de tenor y estas son las preguntas de moda?, ¿será que tener 30 años es sinónimo de necesariamente tener que volver a los 15 a punta de operaciones?,. Diablos, tengo 32 y mi esfuerzo al respecto ha sido dejar de comer pasteles o cambiar a bebidas Light.
No, la verdad es que no me he puesto pechugas le contesté, entonces noté en su cara un dejo de desilusión, no creo que haya sido por el hecho de verme guapa sin quirófano, sino porque ya no había más que decir. ¿Dé que más podíamos hablar?. ¿del calentamiento global, de cómo están creciendo sus hijos?.
Te extrañé amiga Karin, pero que va, de todo hay que conocer en la viña del señor.

lunes, 2 de abril de 2007

20 Lucas, Cuento ganador del concurso Gran reserva Radio Concierto

20 lucas

Escoge medias caladas, tacones aguja. suelta sus
rizos. Enciende un mentolado y se viste
disciplinadamente.
Empuña las manos, irgue rígido su cuello, abre la
puerta de zinc y sale. Sube a la micro, clava su
mirada al vidrio hasta la siguiente parada. Allí está
su esquina.
Su mentón tirita segundos. bruscamente zarandea la
cabeza sacando mierda de ella, entonces desempuña sus
manos, relaja el cuello, sube unos centímetros su
falda, y enciende otro mentolado.
Son las 6 de la madrugada, el frío cala sus huesos.
Abre la puerta de zinc, destapa un Sauvignon blanc
que robó a su último cliente, besa a su niño y escupe
sobre las 20 lucas.

Soledad Burgos
http://admin.iberoamerican.cl/UserFiles/File/CONCIERTO/GRANRESERVA/cuentos/20_lucas.pdf

celebremos por los muertos,,,

es extraño
preparar y disponer la mejor sonrisa en la mitad de la celebración, pedirles a cada uno que se acomoden de tal forma que sean mudos testigos de "la impresión de la noche, la clásica foto"...eso ya no pasa y no debiera seguir pasando, cuando ya la treintena amenaza en dejarnos un poco agónicos, lo presiso es el anonimato,,,¿entonces que hacen ellos, incluyéndome, con una copa en la mano y una sonrisa sacada de cuentos?, imagino que reniegan de la treintena, algunos de la cuarentena (en todo el sentido de la palabra), y posan orgullosos de poder salir de donde estaban, de la conversación, del firteo, del recuerdo de historietas que avanzan con la noche,,,,salen de allí y posan porque este registro es importante,,,,,,importante para mí.......salud y gracias

domingo, 1 de abril de 2007

perdí un aro

Es imposible que sólo sea el aro lo que pierdes......con ello pierdes una historia o sencillamente nace otra,,,,
En la mitad del cumpleaños noté que esta vez el aro trajo consigo el recuerdo constante de una Soledad que yacía en los pasillos de cualquier lado, daba igual,,,,,y apareció de pronto y sin aviso la Soledad que tanto extrañaba....las cosquillas, la fe ciega, un salto al vacío sin precausiones, el no sentir temor,,,,
Finalmente perdí el aro,,,y no quiero encontrarlo,