domingo, 16 de noviembre de 2008


Guardo siempre una hoja de cuaderno arrugada, amarilla e invisible, en ella el compromiso de sostenerla y aguantar el espacio vacío frente a sus derrotas o las mías, dejándola quieta e impasible, para que no hayan oídos ni rostros, sólo una hoja amarilla dispuesta a sostenerme, sostener mi vanidad y orgullo, mis penas solas, mis triunfos solos, mis modos solos, solos y la costumbre del papel curioso y de mi futuro curioso ante él, ante él cuando la vea más amarilla aun y sienta que el pliego si lo puede todo, que el papel mientras más amarillo e invisible, más sensato es con la verdad que antecede.
Lo abro con las tormentas, siempre con las tormentas y las letras parecen desaparecer ante esta nueva aventura que es guardar el papel blanco de hoy, esperando que pronto se vuelva tan invisible como la historia que fue viva, tan viva como pueda, quiera y elija. Tan viva como las 1000 amarillentas hojas que guardo en rincones que elijo para olvidar

jueves, 6 de noviembre de 2008


Me tortura en las mañanas el café apurado y hoy tuve tiempo de tomarlo lento, pausado y mirando hacia el parque y la verdad es que no hay gracia ni encanto cuando el café se toma como un brindis postergado.
Prefiero el tránsito.

martes, 4 de noviembre de 2008


Pequeña en tránsito. Un día antes le dice a su mamá que lo cotidiano es vulgar, que lo transitorio necesario y lo permanente un estado de locura prolongado, 10 años tenía la niña, 10 años y una gran cuerda que no tocaba el piso.